Catchuli fue criado en las montañas de Joneakistán por una familia de leñadores borrachos con tendencias zoofílicas que seguían una estricta dieta a base de ron mezclado con madera de nogal, que destilaban y comercializaban ellos mismos bajo el nombre de “Ron Nogal”. En su más temprana juventud se alistó en el Ejército Azul Joneante para defender a su pueblo y follarse a las prisioneras sus ideales en la I Guerra Civil Joneante. En esta contienda, Catchuli entendió que la necesidad primordial del joneante medio era el alcohol; como consecuencia de una exagerada y reiterada ausencia de sexo los joneantes necesitaban emborracharse para tener una excusa y darse por culo (también habían soldados abstemios que pasaban de excusarse), por lo que Catchuli advirtió un buen filón en el negocio de la priva y se dijo a si mismo que cuando terminara la guerra montaría una taberna.
Aciagos y duros fueron los años posteriores a la guerra y los joneantes no tenían ni para pipas, por lo que Catchuli prefirió esperar y formarse en el noble arte de la tirada de caña. Con la mochila a la espalda recorrió las colinas azules de Joneakistán, cruzó el espeso Río Blanco y se adentró en las profundidades del Bosque Negro y Rizado para encontrar el templo de los monjes cerveceros, que dominaban el arte del escanciado como nadie y poseían el secreto de la tirada de caña perfecta. Allí inició su entrenamiento y perfeccionó su técnica, al tiempo que desarrollaba sus músculos y se dejaba barba para parecer más hombre. Tras varios años de duro entrenamiento y mucho bebercio, Catchuli alcanzó el grado de Maestro Cervecero y abandonó el templo para montarse la taberna.
Catchuli es un hombre de unos 30 y pocos, alto y grandote con brazos fuertes y pelo en pecho. Tiene el pelo corto y una barba espesa, junto con un bigote grande y una nariz prominente. De tez morena y rasgos marcados, siempre tiene una gran sonrisa en la cara que deja al descubierto su dentadura blanca como la nieve. Manos grandes y dedos morcilleros que a duras penas le dejan secar los vasos de la taberna.
Siempre lleva una camisa arremangada, a medio abrochar en los botones superiores, dejando entrever el pecho. Pantalón de cuero y botas de montañero a juego con un cinturón negro de piel de toro y una gran hebilla de acero templado. En el bolsillo derecho asoma su trapo de cocina, que siempre lleva encima por lo que pueda pasar. Tiene un bastón de madera de nogal (que le regalaron sus padres leñadores) con una gran piedra que hace las veces de empuñadura y rompecráneos, si las cosas se ponen feas o los borrachos no atienden a razones.